Tema 2: Introducción a la estructura de la historia

Como mencionamos en la anterior clase, el relato viene de una inspiración inmediata. Sin embargo, la extensión es un grado en el momento de escribir con la inspiración inmediata como detonante: cuantas más páginas pretendemos escribir, más cuesta arriba se nos hace la tarea.

Si nuestras pretensiones van más allá, es necesaria una planificación previa. Dicha planificación empieza pensando que vamos a contar.

La trama, los personajes, el mundo, todos elementos, en muchas ocasiones los tenemos presentes en el momento de pensar una historia, de manera inconsciente. Todo ello formará el interior de nuestra historia, pero, para que sea sólido, es necesario saber en que estructura estará cimentado. Esto es tener claro donde empieza, donde acaba y que queremos contar entre ambos pasos. Esto es el paradigma.

El Paradigma.

El paradigma, en más ocasiones relacionado con el mundo del guión, gracias al teórico Syd Field, que con el del relato, nos plantea los diferentes estadios de nuestra historia. Sin embargo, mientras que en el guión, las barreras y límites son mucho más estrictos, en el relato se convierte más en un mapa para tener claras nuestras ideas.

El paradigma divide el relato en tres partes:

Introducción / Planteamiento / Primer Acto: La primera parte del relato sirve para presentarnos los elementos que entrarán en juego en nuestra historia. El protagonista y sus circunstancias, el mundo, los secundarios. En esta parte debemos mostrar al lector las piezas del puzzle que iremos formando a través de las diferentes páginas.
El planteamiento es variable en su extensión. Algunos autores llenan de bellas descripciones páginas y páginas y otros en unas páginas e incluso párrafos, nos invitan a entrar en el nudo de la historia.
Da igual realmente la duración de dicha introducción. Lo que si es importante es como introducimos el siguiente estadio de nuestro relato. Para eso están el punto de giro.
En una historia normal, hay dos puntos de giro: uno entre el Planteamiento y el Nudo de la historia y otro entre el Nudo y el Desenlace. ¿Para que sirven? Un punto de giro es una acción, un dialogo, un momento de nuestra historia que desencadena un cambio. Entre Introducción y Nudo, el cambio que se nos plantea es sencillo. Hemos planteado el mundo y los personajes, ahora toca ponerlos en movimiento, darles un conflicto que resolver durante el Nudo. El primer punto de giro plantea el conflicto al que se enfrentara el protagonista e incluso el objetivo al que quiere llegar.

Nudo / Confrontación / Segundo Acto: La segunda parte del relato y la más extensa es el nudo. Desarrolla la historia que queremos contar planteando los diferentes retos y obstáculos a los que el protagonista tendrá que enfrentarse. Puede ser tan largo como creamos necesario aunque debemos siempre pensar en mantener el interés y la coherencia con nuestro personaje o historia planteada.
No debemos alargar artificialmente lo que queremos contar.
Aunque podemos pensar por que obstáculos va a pasar nuestro protagonista, en el momento de escribir la propia dinámica de la historia nos dará parte del camino a seguir.
Cuando todos los acontecimientos nos pidan la resolución de la trama, llegaremos al segundo punto de giro. En él, nuestro protagonista ha llegado tras un arduo camino, a enfrentarse con el conflicto planteado en el anterior punto de giro. Es ese último tramo de historia, la antesala, antes de resolver todo en el Desenlace.

Desenlace / Resolución / Tercer Acto: El final de nuestra historia, donde debemos de resolver todas o las más importantes dudas y conflictos para que el lector se lleve una sensación satisfactoria. Hay una regla no escrita con esto. Dejar todas las dudas para el final puede dejarnos un final demasiado extenso, cuando lo normal es que esta parte dure, más o menos, una décima parte de lo escrito. Si dura mucho más, el lector puede llegar a impacientarse ante tal aluvión de datos en el último segundo. Debemos, por tanto, en el mejor de los casos, sólo dejar los conflictos y dudas más importantes para esta parte y el resto, a ser posible, resolverlos durante el Nudo o dejarlos abiertos para posibles continuaciones.
Saber a donde queremos llegar es, quizás, el punto más importante a la hora de planificar una historia. Si no tenemos claro a donde queremos llegar, que queremos contar y/o a donde queremos llevar a nuestros personajes, lo más probable es que no sepamos, en mitad del nudo, a donde ir. En una carrera, tenemos que tener claro de donde salimos pero sobretodo a donde tenemos que llegar, por que, si no, nos perderemos. Tener claro vuestro principio y vuestro final y resto saldrá sólo.

¿Todo esto es inalterable?

Como iréis aprendiendo en este curso y posteriormente, para romper las reglas hay que saber que reglas tenemos. Plantearos hacer una historia con esta estructura y, cuando la tengáis bien clara, entonces podréis jugar con ella.

Sin embargo, hasta en los relatos más experimentales, podemos identificar, por leves que sean, el planteamiento, el nudo y el desenlace. Volvamos al ejemplo de los microrelatos:

“Luego de doce horas de vuelo, el viejo cerró su libro y se bajó de la hamaca”

En bastantes microrrelatos, podríais decir que no hay desenlace, como por ejemplo:

“El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta.”

Sin embargo, parte del valor de los microrrelatos está en que el propio lector se plantee el desenlace. ¿Quién llamará? A veces, no sólo hay que buscar lo escrito si no tambien lo insinuado, hablemos de microrrelato o de una novela.

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 License