Clase 07. La mascota

La mascota en el cómic: Milú vs. Idefix

A menudo, los fieles seguidores de los géneros más comerciales del cómic no se sienten excesivamente atraídos a dibujar mascotas. Sin embargo, no somos conscientes de su importancia ya que ofrecen, al mismo tiempo, un reflejo y un contraste muy importantes con el personaje que encarna al dueño, llegando en ocasiones a convertirse en una verdadera extensión suya y eco de sus mismas emociones.
A menudo, la psicología de la mascota suele reflejar la de su dueño y, más concretamente en el apartado visual, puede decirse que, tal y como vimos con los complementos, mascota y dueño llegan en muchas ocasiones a verse reflejados también en sus rasgos.
Y es que Dios los cría y ellos se juntan.

Milú

Es el Fox Terrier compañero de Tintín. Lejos de ser un elemento pasivo, forma parte activa en las aventuras (bastante más que Idefix en las de Asterix y Obelix) llegando a convertirse en ocasiones en voz crítica de los personajes humanos que le rodean.
Está muy unido a su amo, por el que profesa un gran cariño (hasta el punto de que podemos verle llorar cuando Tintín se encuentra hospitalizado).
Puede decirse que su carácter es una mezcla de la sobriedad de Tintín y la torpeza del capitán Haddock (con el que comparte además su afición por el whisky) formando con este último una pareja cómica muy en el estilo de Idefix y Obelix. En este sentido, el perro y el capitán son personajes del mismo orden, que equilibran con humor lo que Tintín pueda tener de excesivamente sabio o virtuoso.

Curiosidad: su nombre original, Milou, se debe a la primera novia del autor a la edad de 18 años, Marie-Louise, llamada cariñosamente Milou. Por esta razón muchos cometen el error de que Milú se trata de una hembra. Sin embargo, las actitudes de la mascota y el constante uso de la palabra "chien" (en francés, perro) dejan en claro que Milú se trata de un macho.

Idefix

Es el otro gran fiel compañero de la historia del cómic y uno de los que más recuerdan a Milú por su gran parecido y relación con su amo, tan estrecha como en el caso de Milú. Si bien, su papel como personaje es más pasivo que el de Milú, siendo su función principal la de servir como centro de la ternura de Obelix, quien le cuida como si de un bebé se tratara y como recurso del autor para mostrar el lado más sensible de Obelix.
Si echamos un vistazo al rostro de Idefix, enseguida encontraremos un parecido con su querido Obelix que no encontraremos en otros personajes (quizá un poco sí en Asterix). Sus bigotes parecen un reflejo perruno del orondo galo, del que rara vez se separa (casi siempre le veremos más cerca de él que de Asterix) y su expresión refleja una personalidad inocente más cercana a la del bonachón de Obelix que a la del sagaz Asterix.

Otros:

Spip

La ardilla que acompaña a Spirou. Personalmente me recuerda bastante a los dos ejemplos anteriores.

Scooby Doo

No ya en el cómic pero sí en ese otro medio tan hermanado que es el mundo de la animación, encontramos el mejor ejemplo, quizá, de mascota que más fielmente refleja el carácter de su dueño. Podría decirse que Scooby Doo, más que un reflejo de Shaggy, es una versión perruna de éste. No sólo son ambos personajes inseparables (los eternos colegas hasta la muerte) sino que sus reacciones son siempre idénticas. Los dos experimentan el miedo de igual forma, los dos serán siempre los primeros en echar a correr. Su histeria ante peligros a menudo insignificantes será igual de cómica y hasta sincrónica, llegando a tropezar uno con el otro en su idéntico e irrefrenable deseo de escapar. Ambos se comprenden a la perfección, casi como si se trataran del mismo ser.

Mascotas con personalidad propia: ¿Quién es el humano aquí?

Hobbes

El tigre de peluche que su dueño, Calvin, ve como real. El eterno amigo imaginario que sirve a su autor, Bill Watterson, como excusa para hacer un entrañable análisis de la psicología de un niño de 6 años.
Hobbes es el personaje más maduro dentro de esta relación de amigos inseparables. Es el elemento que siempre muestra a Calvin la dura realidad de sus fantasías infantiles. Una especie de conciencia que quizá represente ese viaje hacia la madurez del ser humano. Hecho patente en la misma fisonomía de Hobbes que recuerda por su estatura a la figura de un adulto, siendo Calvin por el contrario, con su pequeño tamaño y forma de su cabeza, quien más nos recuerda a una mascota.

Garfield

Un paso más allá en la humanización de la mascota. Es la mascota convertida en dueño, una cualidad, por otra parte, muy común en los gatos domésticos. Ve al ser humano, y más concretamente a Jon, su “dueño” entre comillas, como un mero proveedor de alimento y diversión (a su costa, claro), y en este último sentido, el ser humano no es para él muy diferente de otras especies animales.
Garfield, además de tener una gran opinión de sí mismo, tiene también su propia mascota, Odie, un adorable pero estúpido perro de piel amarilla, el blanco común de las bromas de Garfield, siendo la más clásica el tirarlo de un puntapié de la mesa.

La mascota

La mascota, dada su diferente perspectiva de las cosas (ya sea física o moral), llega a veces hasta donde su dueño, como humano que es, no puede o no sabe llegar, quizá porque esa misma humanidad le limita a la hora de ver la realidad de las cosas en su verdadera dimensión.
Paradójicamente, es a través de esta figura no humana de la mascota que nuestros cómics pueden adquirir una mayor humanidad, pues servirá al autor como coartada para hacer aflorar en sus personajes sentimientos y una conexión diferentes a los que se dan en la mera interrelación entre humanos, haciendo a nuestros personajes, por consiguiente más vivos, más humanos.

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